Joaquin diaz romance de delgadina letras



Tres hijas tenía el rey,


todas tres como la plata,


y la más pequeña de ellas,


Delgadina se llamaba.


Un día al ir para misa,


su padre la reparaba:


Delgadina, Delgadina,


tú has de ser mi enamorada.


No lo quiera el Rey del cielo


ni la Virgen soberana.


Ser yo mujer de mi padre,


de mis hermanos madrastra!


La agarra por los cabellos


y a una torre la arrastrara;


no la daba de comer,


más que pez y agua salada.


Delgadina con gran sede


se asomara a la ventana


y viera abajo a su madre


en silla de oro sentada.


Madre, si es usted mi madre,


por Dios deme un jarro de agua


que el alma tengo en un hilo


y la vida se me acaba.


Vete de ahí, hija de perro;


vete de ahí perra malvada,


que va para cuatro años


que me tienes mal casada.


Delgadina con gran sede


se asomó a otra más alta,


y viera allí a sus hermanas


lavando paños de Holanda.


Por Dios os lo pido, hermanas,


que me deis un jarro de agua,


que el alma tengo en un hilo


y la vida se me acaba.


Yo bien te lo diera, hermana,


y todas las que aquí lavan,


pero si padre lo sabe,


la cabeza nos cortara.


Delgaidina con gran sede,


asomose a otra más alta,


y abajo viera a su padre


con gran jueguito de barra.


Padre, si es usted mi padre,


por Dios deme un vaso de agua


que el alma tengo en un hilo,


y la vida se me acaba.


Yo bien te la diera hija,


pero has de cumplir palabra.


Yo se la cumpliré, padre,


aunque sea de mala gana.


Alto, alto, mis criados,


a Delgadina dadle agua


Unos van con jarros de oro,


otros con jarros de plata.


Más por mucho que corrieron,


Delgadina muerta estaba


A los pies de Delgadina,


una fuente que manaba.


El primero que llegase,


la vida tiene ganada


el último que llegase,


la vida tiene jurada.


La cama de Delgadina


de ángeles está rodeada


y la cama de su padre,


de sierpes y cosas malas.